Bitácora de un periodista en ChicagoEl viaje había comenzado, viajaba con un grupo de reporteros de distintos periódicos de la Ciudad de México, Nos unía la profesión pero en realidad había algo que creía me hacía distinto a ellos, mi corazón estaba roto en mil pedazos y mi cuerpo exigiría drogas para curar su mal.
Recuerdo que el grupo comenzó a unirse a raiz de que cuatro de nosotros visitamos, en la Ciudad de Chicago, el bar donde el famosísimo Capo del Alcohol, Al Capone, iba a chupar y cerrar negocios clandestinos, me enteré que más de alguna balacera se realizó en ese lugar.
No recuerdo exactamente en que punto de la ciudad se encontraba, pero si lo especial que fue visitar ese lugar.
Una bandera de Estados Unidos, la cual repelo, al igual que los pies ajenos y descalzos de la rubia norteamericana que va a mi lado, polulaba en lo alto de la entrada del bar, al entrar un tipo sentado en una esquina me grito: I need your ID, saqué mi licencia de conducir y con una estúpida sonrisa me preguntó que era ese documento, Ok you can enjoy this place, contestó, but you can´t smoke here, a lo que mi corazón respondio: lastima, y mi mente: ya verás si no.
Un color rojo combinado con muebles viejos y elegantes provocaban un ambiente sensacional para la charla y el pensamiento, al fondo, un grupo de Jazz arrancaba con sus notas pequeñas lágrimas de amor a los presentes, o por lo menos a mi, pues un antiguo cariño se había ido, y yo me había perdido entre sombras de un bar hermoso de un país lejano, artificial y comercial.
I need to go alone, se podía observar escrito con un plumón en la pared del baño, por un momento pensé que estaba en la Ciudad de México, pero recapacité y me di cuenta de ser así, hubiera leído un: Puto el que lo lea, o Llamame soy gay, junto a un número telefónico.
Los cuatro jinetes del apocalipsis (así decidimos llamarnos) recién presentados entre sí, con poco tiempo de conocernos, y con ganas de comernos el mundo, nos sentamos en la barra del bar, una cerveza, dos martinis, y un whisky serían nuestros mejores alicientes para esa noche.
Arturo: 36 años, canoso, ojos pequeños, con un dejo de torpeza en la mirada, pero inteligencia en el cerebro, buenos sentimientos y un valemadrismo muy casual, reportero y periodista del Universal, vecino de la colonia portales, el whisky su pasión.
Ivan: 30 y tantos años, canoso, ojos saltones y rojizos, mirada seria, de esos que en cualquier momento podían atacar, amante de las letras, poeta ensayista, guionista y periodista de la sección de cultura del diario Milenio, pacheco confeso y un buen corazón.
Ricardo: Mi compañero, el ser más extraño, exótico y extrovertido de este viaje, 40 años, risa curiosa, amante de la lectura, del punto G, de la erección y del goze por dar placer, carismático con pinta de lider dos hijos, y sobretodo obsesionado por la imágen y la fotografía, un gran compañero gracias a su capacidad por ser leal, honesto y humilde.
Imanol: (su servido
Una antigua rocola se encontraba en la ala este del bar, me paré, un dolar por 40 minutos de blues intercambie, volví a la barra, la charla comenzó, las coincidencias también, todos amabamos a Bukowski, Keroauc y Baudeliere entre otros, las historias y recuerdos entre los cuatro comenzaron, el pubis femenino y sus atracciones, el como olvidarlo, y lo bueno que era ese momento fueron los temas principales.
Sin embargo, había algo en lo que yo no encajaba, ellos tres eran egresados de Ciencias Políticas de la UNAM, a partir de 1984 hasta 1993, y al ver esta disparidad, Ricardo el fotógrafo, quien no paraba de reir y comerse las aceitunas de los martinis ajenos, me tomó del brazo y me dijo, a mi me vale madres, hoy esta noche, te nombro Honoris Causa de la UNAM, y con el palillo de su aceituna me honró y dió su bendición en mi hombró derecho, y así sin más compañía que estos tres extraños personajes, tal como yo, me convertí en Egresado de Política en los Estados Unidos.
Después de las risas, la charla, la diversión y un poco de nostalgia por lo que algún día ame nos retiramos del bar, las cuatro de la mañana marcaba el reloj, los homeless en la calle hacían su aparición, I need to eat, me susurraban al oido, Do you want a cigarrete? les contesté, of course my horse, y lo aceptaron.
Recuerdo que antes de irnos, el gringo de la puerta del bar, tomó la bandera que en el exterior se encontraba, la sacó de su pedestal, y mirando hacía sus compañeros, comenzó a izarla y a doblarla con el gesto más sublime y solemne, como si vivirera de la bandera, o si ella le diera de comer, no lo critico, pues tal vés esa bandera es su único romance.
La noche terminó y el sol salió de nuevo, tal como lo hace mi corazón a diario.
A pesar de ello, las aventuras continuaron, ayer el fotógrafo y yo volvimos a salir, yo no empedé tanto, pues no se si es la altura que el chupe no me sube, él se puso un pedo terrible, acabamos sentados en la banquete de Down Town, mirando las puntas de los rascacielos más altos como pensando en que allá están nuestros sueños.
Hoy en la mañana, al despertar fui al cuarto de mi compañero, lo desperté moviendole el pie, volteo con una sonrisa, ¿Qué tienes en la cara?, pregunté, tocó su rostro y pequeñas bolitas negras rodaron por su cara, analizé un costado de su cama y el vomito yacía junto a él, ambos reímos, que buena peda afirmé y le envidie. Todo se solucionó con 15 dolarucos para la camarera, que gustosa y con sus guantes de latex, limpió al pequeño mounstruo que nació de una noche de vicio, con su peculiar sonrisa guatemalteca.
Ahora me encuentro a la mitad de un vuelo de Chicago a Las Vegas, la ciudad fría quedó atrás y me dirijó al desierto para desertar del amor, volver a nacer, y ser quien he sido siempre, algo que aún no comprendo,..
Las drogas no han llegado aún, y estoy muy bien, llevaba años sin dejar de liarmela, y con una sonrisa cantó una canción que dice: "Me estoy quitando, solamente me pongo de vez en cuando".
Mi corazón va a mejor, mis penas vuelan cada día más , y sé que me repondré sin pedos.
I´m sure that aventures can be returned, eso es un hecho, estaré dos días y si el avión no se cae, regresaré al DF para seguir cerrando círculos,..
Mayo 2006.