AndreaAcechando el aceho,
cazando al cazador...El encuentroEl centro histórico brillaba con su particular luz de oscuridad nocturna y basura en las calles cuando lo dejé atrás.
Cómo muchas otras veces, cuando salgo de noche de trabajar, conduje mi auto hasta el famoso malecón turístico con vista al placer, Calzada de Tlalpan.
Los primeros trasvestis salieron a mi encuentro, posaban muy chulos por la lateral de la vía.
Me introduje en una de esas pequeñas calles rodeadas de sexo y vicio que se dejan ver en cualquier ciudad occidental, incluso oriental.
Las miradas de intercambio: oral = dinero, dinero = placer, se dejaban caer ante mi auto. Justo cuando estaba a punto de terminar de recorrer ‘La calle de las putas’ me tope con ella.
-Hola señorita… La saludé.
Que pasó amor… ¿te ánimas?...contestó.
Había algo que me llamaba la atención de ella, no sabía a ciencia cierta que, su belleza me llamaba eso es seguro, era una prueba, una prueba de acecho.
Recuerdo que llevaba un parche en la nariz seguramente de una operación en la que te arreglan la nariz, por secarte el alma.
-¿Eres hombre o mujer?, inquirí.
-¡Qué paso papacito! Acaso me ves la manzana, mira mira.- dijo mientras enseñaba su garganta.
Subió a mi auto y me condujo a otra calle más adelante, tomó el muñeco de peluche que traía en el carro y expresó con gran sonrisa y cara de niña linda:
-¿Me vas a regalar tu muñeco verdad?
-No- respondí- es algo especial para mi.
-Aquí a la izquierda.- me dijo ella presurosa.
Estacioné mi auto, y tras hacer la debida transacción de 200 pesos y las preguntas del nombre y edad afirmó:
-Bueno…pues bájate los pantalones, dijo con un aire autoritario.
Puso especial énfasis en que sus senos no podían ser tocados mientras prestaba sus encantos, a tiempo que sacaba de su empaque al señor enmascarado de latex que quizás tocaría sus labios a la brevedad.
Vi la mirada de ego y avaricia en sus ojos al querer obtener un poco más de dinero, pues dijo que la piel de sus senos se abriría para mi tacto sólo si incrementaba su bolsillo a cien pesos más.
Le reclame su decisión, justificando que ella había aceptado el que yo podría tocarla, y que al decirme que si, antes de subir al carro, ella sabía que no era para tocarle precisamente los brazos.
Había algo más…le tocaría el corazón.
El espíritu a escenaUn ligero aire extraño sentí, y me dí cuenta de que la prueba del acecho había llegado.
-Yo te tengo que hacer el servicio, así que el dinero no te lo puedo regresar.- recalcó.
Le dije dulcificando mi tono, que no había problema, que el dinero se lo podía quedar, pero que sinceramente no era nada bueno engañar a la gente, o decir cosas que no vas a cumplir, o abandonarse a la avaricia y a los bienes dinerales.
-Yo no soy nuevo en esto, inquirí mientras prendía mi carro.
-Yo tampoco respondió.
-¡Se nota!.- le dije, adjudicándome una daga a su ego e importancia personal.
Enojada y frustrada me dijo que no le faltara al respeto, y que la dejara de llamar guey.
Ella explicó que sólo hacía su trabajo, como se lo habían enseñado a hacer, le respondí que era mejor hacer las cosas como a nosotros nos gusta saber y hacer.
Estábamos a punto de llegar al lugar donde la recogí, y donde la aguardaban sus demás compañeras de trabajo.
Instantáneamente tomé mí pequeño muñeco de peluche en forma de jabalí, y le dije:
-Ten, es para ti.
-¿En serio? Respondió emocionada, lo tomó con cariño, sus ojos se llenaron de luz, una energía hermosa fluyó de ella.
-¡Regrésate a donde estábamos! Dijo apresurada, como diciendo que tenía algo especial para darme.
Dí la vuelta en ‘U’, y regresé de nuevo a ese sitio.
Sacó sus senos del sostén para mostrarlos, y dijo:
-Tócalos ahora si-, yo sonreía de nuevo como no podía dejarlo de hacer, yo no deseaba sexo, sólo quería dejarme fluir.
Me acerqué y un pequeño beso en la mejilla regalé.
Después de una amena y sincera conversación comentó que su nombre real era Andrea y que yo le agradaba.
Me volví acercar a ella- ¿Puedo besarte? Pregunté.
-No, soy yo la que voy besarte- dijo mientras que un largo beso, repetido por otro me obsequió.
Me sentí feliz de saber que había descubierto lo especial y lo lindo de otro ser humano.
Regresamos al lugar de partida, y antes de que bajara del coche le desee a viva voz una vida llena de lo más hermoso: de magia.
Sorprendida por mis palabras dijo que me estacionara que quería seguir hablando conmigo.
Así lo hice..
Preguntó qué si sabía de la Santa Muerte.
Le dije que no, pero que sabía del mundo de los brujos y chamanes.
Le expliqué un poco la teoría del segundo cuerpo, del cuerpo luminoso, del movimiento del punto de encaje y de la percepción.
Escuchó atenta mis palabras, comentó que sería linda volvernos a encontrar que pasara por ella.
Le dije que no quería verla tal como ese día, deseaba algo distinto.
Me dijo anota mi teléfono.
Así lo hice.
Nos despedimos y arranqué de nuevo.
Me estacioné unas calles más adelante, desde mi celular le mandé un mensaje que decía:
“No sé de la Santa Muerte, pero si de la muerte en sí, ella es mi mejor amiga y aliada, siempre me observa, me analiza, me deja ser, cuando tengo el mayor problema del mundo, le preguntó: ¿Qué hago?, ella siempre responde con el mejor consejo: haz lo que quieras aún no te toco”.Andrea respondió con un mensaje que decía:
“Imanol Magia”Ahora pienso en todo lo bello y hermoso que se puede vivir con 200 pesos, un muñeco de peluche con poder, las alas del intento de tu lado, y el acecho como motor.