sábado, agosto 23, 2008

El puto Peter Pan

El joven Peter Pan ve un programa de la BBC World News, con lluvia electroestática incluida en una ciudad gallega. Son las 2 de la madrugada, acaba de salir de trabajar, se pregunta si debería seguir siendo explotado por sus jefes en el trabajo. Al mismo tiempo sabe que es un guerrero y que no debe encontrar motivos para enfadarse. Recibe una llamada es la chica ecuatoriana que se había ligado dos días antes en la calle, sin siquiera conocerla, se sentía orgulloso de su atrevido comportamiento al pedirle su número de teléfono tras sólo 72 segundos de conversación. Una nueva marca pensaba. Sin embargo su orgullo se vino abajo al ver que la joven ecuatoriana de 22 años era más fea que pegarle al cristo cristiano en Semana Santa. La cara de la lujuria fue la única que quedó tras caerse la máscara del orgullo. Tras tres cervezas, la besó en un bar en el que nunca había estado pero que parecía prometedor. Tras haber pagado la cuenta, supo que podía habérsela llevado a su piso de soltero para fornicar un rato., ¿Quién sabe? Igual y me la mama… pensaba el puto Peter Pan. Al final de cuentas él no quiso llevárla a su hogar pues una pequeña herida en su labio comenzaba a sangrar, según la historia de la chica latina, por que un “amigo” suyo le quemó la boca con un cigarro, por que el amable camarada machista, quiso recordarle con dolor que no debía tomar como Bukowski hasta llegar a una congestión alcohólica, como lo hizo ella hace unas semanas, tras haber recordado en su borrachera que tuvo un hijo, llamado Jorge, y que murió en un accidente de coche, cuando ella tenía 16 años y el difunto infante dos. Peter Pan hacía cuentas en su cabeza. Así es una mujer que tuvo un hijo a los 14, analiza, mientras se despide de ella….

A la siguiente luna menguante , el jodido Peter Pan está haciendo el amor con su novia oficial de 39 años pero es interrumpido por un mensaje teléfonico. ¡Me cago en la puta!, dice Pan. Él sabe bien que la noche anterior había pecado. “Hola cabrón. Estoy en el sofa tocándome el coño con el consolador, te animas”, alcanzó a leer en el mensaje que Ana Burgos le enviaba, antes de que lo apagara y siguiera “haciendo el amor”. Pensó en Ana y en cómo se la follaba por teléfono exigiéndole que se metiera el consolador en el culo para que pudiera escucharlo, a tiempo de que se daba unas nalgadas. Ella aceptaba las peticiones de sadoerótico Pan, eso era lo que Ana quería. ¡Llamame puta! –susurraba entre gemidos. Se conocieron una bella noche de verano cuando ambos en la soledad de sus respectivos sofás mandaron un mensaje a un canal televisivo de contactos de parejas. Él mensaje de él apareció en la pantalla después del que ponía: “Tio 56, busca chica joven para relación estable o sexo”, y el de ella apareció antes del que dictaba: “Cambio fotos chicas por mensaje”. Los mensajes que enviaron Pan y Ana eran, en definitiva, más explícitos y ardientes. Esa noche el puto Peter Pan no pudo eyacular, pero durmió con una placida sonrisa al saber que en verdad quería a la dama que estaba a su lado…

Dos días después, el va y piensa frente a la televisión que está viendo demasiada televisión, que la explotación en su trabajo no cesará, que espera que la chica ecuatoriana no le haya transmitido algún virus ecuatoriano por la herida de su labio mientras la besaba, que la putita de Ana Burgos ya no llamado desde Burgos para sexo telefónico, y que se está enamorando de su querida novia oficial…

Ojalá no te hagas daño puto Peter Pan.

miércoles, agosto 06, 2008

Un asalto a la razón

Ahora que en la radio hablan de crisis y rescisión.
El fantasma de la soledad entra de puntillas en la habitación,
Tropieza con un condón fruto de masturbación,
mientras la ventana de la incertidumbre
inhala sentimientos de aplomo y desazón.
La camilla de los recuerdos ya no soporta el corazón.
I.
Nocilla Police

Después de pasearse durante horas por las cinco habitaciones de su nuevo piso en una céntrica avenida de una pequeña ciudad gallega, Morte decidió sentarse en “su” cama para quitarse los dos calcetines color gris manchados con lejía y polvo del piso. De su bolsillo utilizó el último papelillo de liar. El humo del porro resplandecía con la oscuridad del único cuarto amueblado de la casa. Mientras tanto, en Madrid, el juez Baltasar Garzón firmaba en el despacho de un modesto chalet, que no era el suyo, la sentencia que dejaba en libertad a la presunta representante de las FARC en España, García Albert, alias “Soraya”. Morte recordó que su primo mexicano, abogado también y con aspiraciones a juez, había quedado de llamarle esa noche. Morte durmió con el teléfono en la mano, a pesar de que la batería de su móvil había dejado de existir desde el día anterior, no le importaba, sólo quería fingir que alguien le llamaría. Morte se sorprendió al leer entre las 20 páginas de un periódico local, que un individuo mató a siete personas en una iglesia de Tennessee, disparando indiscriminadamente con una escopeta, mientras gritaba “My name is Bill”
I.

La película Kill Bill fue rodada en el desierto de Arizona, en Estados Unidos durante los años 2000 y 2003, Brent Seymour era el maquillista principal de las escenas con caracterización con violencia. Cinco años después, Seymour fue puesto en libertad bajo fianza. Lo primero que hizo fue visitar una barra americana del barrio de Liberty, en Tennesse.
Nocilla middle night

Era casi media noche cuando Iñaki releyó aquella carta de despedida que le enviaron dos curas, Legionarios de Cristo, hace ya 17 años, desde un seminario en Tecamachalco, Estado de México.
Iñaki soltó una lágrima tras haber leído la frase: “Esperamos encontrarte la próxima vez luchando por el cielo y por ser cada día mejor”.
Iñaki nunca supo si esa lágrima rodó por su mejilla tras haber recordado su etapa infantil (infantil etapa) en la quería ser cura o sacerdote para tocar a Dios.
Hay quien dice que Iñaki rompió en llanto al percatarse que su vida era un barranco terminado en desfiladero.
Pensó que escribir otro poema en su maquina de escribir Olivetti 82 le ayudaría a sobrellevar la noche.
No fue así.
La hoja aún continúa enroscada en el muelle de la máquina de escribir.
Maika, la perra de Iñaki, lambe la oreja ensangrentada de su amo por donde entró una bala calibre 38, treinta y seis segundos después de que las yemas de los dedos de su mano teclearan las letras. E.P.I.T.A.F.I.O.
Los vecinos aún no notan el olor.
I.